Receta para una campaña deliciosa

¡Llegó la hora de cocinar una campaña! Corre por tu mandil y saca aquel viejo recetario del tío Napolitan (¡grande Joe!). Vacía la nevera, pon a cocer la carne de tu candidato predilecto y hagamos juntos un banquete digno de un lustroso Reed o Pollie Award.

¿Qué se necesita para preparar una campaña exquisita? Primero: entender que no hay campañas perfectas sino idóneas o efectivas. Asimilando esta verdad resistirás la frustración de saber que tus creaciones pueden no ser idénticas a las suculentas fotografías que ilustran el recetario de las grandes campañas. Segundo: seguir con minuciosa cautela, el proceso y procedimientos justos para cocinar un triunfo electoral. Tercero: darle un toque distintivo a tu trabajo; demostrar que estás al nivel de los grandes chefs de campañas y que tu convicción está más allá de volverte un profesional con una vida rebosante de lujos. Tu misión es convertir la comunicación política en un nuevo arte gourmet.

Limpias las manos, vayamos a la cocina.

El primer paso para elaborar una campaña deliciosa es identificar y conseguir los ingredientes que darán confección al platillo maestro; es decir, investigar los porqués y los cómos del escenario electoral que pretendes deleitar. ¿Cómo derrochar la magia que hay en ti si no hay nada para descongelar, cortar, pelar, moler, batir o cocer? Analiza las regiones donde se llevará a cabo la votación; escudriña el historial de tu candidato (desmenuza bien ese «pollito»); y descifra el lenguaje, comportamiento, gustos, prejuicios y deseos del electorado para obtener los mejores vegetales, frutos, carnes, hierbas y especias que te permitan dar rienda suelta a tus dotes culinarios. Olvídate de usar sobras refrigeradas. No querrás preparar una campaña que le apetezca más al perro que a ti mismo.

El segundo paso es la mezcla y cocción de los distintos ingredientes previamente lavados y racionados. Si ya tienes correctamente interpretada y sintetizada la información cualitativa y cuantitativa acerca del escenario electoral, es el momento de forjar una estrategia: un proceso detallado para la preparación del platillo que describa tato las onzas justas como los tiempos de cocción y el modo de preparación (¿conviene asar la carne, ahumarla, marinarla? ¿Prepararás un soufflé, algún tipo de strudel? ¿Qué tal una pasta?). Imagina la forma correcta de aprovechar todo lo que tienes sobre la mesa y sorprender a tus comensales. Cada elemento de tu creación necesita formular en conjunto, una perfecta armonía de sabores que te permita cumplir tus intenciones y satisfacer las expectativas de quienes tendrán el gusto de probarla. Por ello es imperativo trazar un plan para cocinar los vegetales y proteínas según convenga. Determinar qué comunicarás, a quiénes lo harás y cómo lo conseguirás. Recuerda adaptarte a los utensilios que tengas disponibles. La máxima calidad demanda recursos pero, ante todo, ingenio, esfuerzo y paciencia religiosos. Si algo falla, escarmienta y ajústate al entorno.

El tercer paso, el más emocionante sin duda, es definir la presentación de tu obra maestra; dejar que la creatividad haga ebullición y dé cuerpo e identidad a todo lo que has planeado. Tu platillo deberá cautivar el gusto, vista y olfato de todos tus públicos. Crea un concepto único con base en los ingredientes que elegiste; fabrica un diseño y mensajes que signifiquen un claro impacto visual y verbal que complazca las apetencias del electorado. Cada vez que sea posible, desarrolla algo totalmente innovador. Estira tu estrategia para arriesgarte y descubrir formas inéditas de publicitar esperanza, cambio, avance, inclusión y trabajo en equipo. Revoluciona tu oficio dándole a tu campaña un sazón único que despierte emociones profundas (insights) en aquellos que la saboreen (de la misma forma en que Anton Ego queda embelesado con el insuperable Ratatouille de Remy). Cada fruto y vegetal del plato, dispuestos de manera perfecta para complacer el paladar más exigente.

Así es como se cocinan las buenas campañas electorales. No obstante, un chef de altura debe tener en cuenta las siguientes consideraciones:

No siempre hallarás ingredientes de la mejor calidad. Unas veces, se trata del candidato, otras del contexto político y cultural locales. No siempre tenemos a la mano alimentos premium con los cuales preparar la mejor de las campañas. De hecho, trabajamos siempre con un producto cuya calidad deja mucho qué desear no solo en Latinoamérica sino en gran parte del mundo. Pero es menester de un chef de cuisine, elaborar un platillo decente con lo que que tenga a la mano. Por más que los recursos sean limitados, la clase y el talento son virtudes que no pueden ocultarse.

Prioriza el trabajo grupal en tus proyectos. ¿Cómo cocinar un gran festín sin el apoyo de un buen equipo? Rodéate de especialistas que te ayuden a incrementar tus posibilidades éxito y extender el prestigio de tu firma. La preparación será mucho más sencilla gracias al apoyo de gente talentosa. Mediante el contraste de opiniones, verás surgir nuevas ideas que te permitirán perfeccionar tus creaciones. La humildad y la persistencia en tu rol como cocinero maestro, son valores que debes priorizar.

Cuidado al emplear alimentos que caduquen pronto o que después de digeridos produzcan malestar estomacal a la población. Hay candidatos que prometen cosas que jamás cumplen. Es tu deber ético publicitar solo lo que es posible alcanzar y exhortar a los políticos a que elaboren un proyecto duradero que les permita mejorar su imagen y trabajar en beneficio de las comunidades y naciones que buscan representar. La mejor publicidad para cualquier alimento no es un anuncio de televisión sino un cliente satisfecho (ciudadanía) que recomienda su experiencia a muchas más personas.

Mantén un estricto control de la higiene. No querrás que tus comensales encuentren pelos en la sopa y cucarachas decorando los manteles. El juego sucio y la vulgaridad, deben quedar fuera del proceso creativo (¿podrás lograrlo?). Una campaña de clase mundial exige pulcritud y ser testimonio degustable de tu categoría. Encuentra quién maneje y transporte la basura que hay en la cocina para mantener limpio cada lugar y momento de la contienda.

¡Ya lo tienes! Siguiendo todos estos consejos serás nombrado el nuevo Gordon Ramsey de la comunicación política (más talento que por temperamento, claro está). Toma tu gorro, colócate la filipina y haz de cada campaña una verdadera delicia culinaria. Demuéstrale al mundo cuán apetecible puede ser la política si las manos correctas le cocinan.

¿Estás listo para marinar un nuevo candidato?

Hagámoslo de nuevo.

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